OPINIÓN: LA CASEN ”INAMIBLE” o el cinismo político en lugar de la política pública
Por AconcaguaNews el 27 jul, 2012 a las 11:13 AM | Categorías Actualidad, Opinión | con 0 Comentario

Mucho antes que Huaiquipan, sin quererlo, deleitara a las generaciones nuevas con la posibilidad de los términos inventados al vuelo. Como para recordarnos que nada nuevo hay bajo el sol, Baldomero Lillo nos dejo el tremendo cuento “Inamible” que relata como la ignorancia, la desidia, y nuestra acomodaticia inseguridad dan lugar a la injusticia y a la cínica intervención para remediar aquello que uno mismo causa. “Inamible” es el cuento con que remata su libro Sub Sole.

En el cuento “inamible” quiere decir “dejar sin ánimo” en el Chile de hoy el cinismo con que el gobierno relata su “victoria” sobre la pobreza, francamente deja sin ánimo, hace tambalear la fé en el prójimo autoridad y su capacidad de conducirse con decoro político. En abril pasado en el artículo El millón de empleos y la varita mágica de la “excelencia” publicado en este medio, se describía el procedimiento básico para acomodar las cifras al momento oportuno. En este momento asistimos a la confirmación de lo descrito entonces, Aun así, por grandilocuentes que sean los anuncios de hoy, los logros en esta materia ni siquiera alcanzan a bajar al 13,7% del año 2006.

Lo peor de estas cifras es que la metodología es a todas luces irrisoria. Si una persona gana $36.500 al mes deja de ser indigente, y si gana más de $72.000 deja de ser pobre para entrar al “selecto grupo de la clase media” o sea en este esquema una familia de 3 personas que tiene un ingreso mínimo de $193.000 esta solo a $ 20.000 de entrar en la clase media. Cualquier “pololito” en el mes lo puede instalar en la clase de los emprendedores.

Las cifras que indican una baja de la pobreza y sobre todo las que hoy indican una disminución de la desigualdad de los ingresos, están siendo groseramente manipuladas por la vía de inyectarle la cantidad necesaria de recursos al extremo más pobre de la población.  El procedimiento es simple si a un indigente que obtiene $35.000 le “asignamos” una “luquita” al mes lo transformamos inmediatamente en pobre sacándolo de la extrema pobreza. Tres mil pesos por cada pobre pueden hacer variar en un punto porcentual el resultado de la CASEN.

Entonces ¿Por qué la extrema pobreza no bajó tanto? La explicación es sencilla pero inaceptable para un gobierno que ya perdió la batalla con la delincuencia, que debió reconocer que el gobierno de excelencia era solo una “promoción de liquidación” y que ve como su “combate frontal contra la pobreza” hace agua por los cuatro costados. Lo único que “disminuyo” aparentemente es la pobreza extrema, y eso está por confirmar, porque el anuncio de Piñera convenientemente no incluyó el margen de error de la medición  y los datos detallados de la última CASEN aun no son de escrutinio público. La verdad es que la pobreza de 6 deciles y las penurias de la clase media se mantienen inmutables.

La discusión de la CASEN esta recién comenzando, nuevamente el gobierno se equivoca al privilegiar las apariencias por sobre la realidad, al inventar un resultado que no se condice con la misma encuesta que lo sustenta. Yerra notablemente, al poner a sus representantes como la gobernadora Edith Quiroz a pregonar que “Es incomprensible que una cifra tan positiva, como lo es la disminución de la pobreza, genere tantas reacciones negativas”

Es muy comprensible que las reacciones sean negativas ante un intento de hacer ver una pequeña parte de la CASEN como todo el resultado de la encuesta. Los chilenos están cansados de la letra chica, de la cifra conveniente y sobre todo de ese intento cínico de manipular a la indigencia con fines de propaganda. Si las autoridades quieren ver que alguno miles han dejado de ser ultra-pobres para ser re-pobres e ignoran groseramente que millones siguen cargando con una pesada pobreza, bien por ellos, para eso al parecer les pagan.

Esta forma de enfrentar las políticas, es a todas luces “inamible”, produce ese efecto descorazonador que aumenta la desconfianza de la población en sus dirigentes y funcionarios. Lo peor es que se hace para evitar obrar. Para no hacer lo difícil, para no exigirse a sí mismo. Lo triste es que ese agitarse en lugar de aplicarse produce ese efecto ingrato e impensado que Baldomero Lillo denunció tan bien y hace tanto tiempo en su gran cuento.

 

 

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